El problema no radica en la evidente ignorancia de Garzón sobre estos temas.
La destemplada reacción del vicepresidente de la República, Angelino Garzón, a los datos de pobreza del Gobierno ha despertado un debate sobre estas cifras sociales. El segundo de la Casa de Nariño rechazó los resultados de la nueva metodología de Planeación Nacional, que establece el valor mensual de la línea de pobreza en 187.079 pesos.
Garzón dijo que el monto "es una verdadera ofensa para la gente pobre", y les ofreció a los asesores "regalarles los 190.000 pesos para que nos vayamos a Corabastos... para ver si hacemos un mercado de cuatro personas de un mes". Al igual que con sus declaraciones a favor de un salario mínimo más alto, el Vicepresidente demerita las conclusiones técnicas a favor de posturas que sabe que ganarán el fervor popular.
Al establecer una línea de pobreza monetaria para una sociedad, entidades como el DNP y el Dane buscan responder a una difícil pregunta: ¿cuántos pesos requiere un hogar para adquirir una canasta básica? Las formas de calcular ese monto están permanentemente sujetas a discusiones académicas, a comparaciones internacionales e interregionales y a revisiones de organismos multilaterales. Los retos empíricos no son pocos; cómo construir una canasta calórica que se ajuste a la diversidad regional y social de un país como Colombia o cómo clasificar a quienes dicen no devengar ningún dinero, entre otros.
El Gobierno convocó a una misión de economistas expertos, provenientes de distintas universidades y escuelas, con el acompañamiento del Banco Mundial y la Cepal, para ajustar los datos de años anteriores y construir una nueva metodología que responda mejor a tales limitaciones teóricas.
Simultáneamente, Planeación Nacional trabajó con la Universidad de Oxford para aplicar otro cálculo de pobreza multidimensional, que busca complementar los enfoques tradicionales basados exclusivamente en el ingreso.Ese esfuerzo serio, transparente y de varias instituciones es hoy objeto de las burlas del Vicepresidente.
Cuantificar a los pobres constituye una tarea con una doble dimensión: la técnica y la ético-política. El ámbito del DNP y del Dane es la primera. Las líneas de pobreza e indigencia son un indicador global que le sirve al Gobierno de punto de partida de sus intervenciones sociales. Para ello necesita ser consistente en sus cálculos, compararse con otras mediciones de países similares y reflejar los hábitos de consumo de los pobres. Si existen críticas a estas mediciones, deberían hacerse en ese mismo lenguaje.
En su faceta ético-política, calcular la pobreza implica conocer la magnitud del fracaso redistributivo de una economía. Al contar a los más vulnerables, una administración traza su punto de referencia para la evaluación posterior de su programa social.
Asimismo, una sociedad como la colombiana puede considerar inaceptable que 16,9 millones de compatriotas en el 2010 sean pobres por ingresos y actuar en consecuencia en las urnas.
El afán populista de Garzón lo conduce a mezclar ambas esferas en sus injustos ataques. Se puede compartir con el alto funcionario la indignación ante un índice de 37,2 por ciento y respetar las herramientas metodológicas construidas por el Gobierno.
Pero al sugerir que los técnicos "viven en un mundo extraño", el Vicepresidente transmite una mentirosa caricatura del compromiso de estas entidades públicas con las estadísticas.
El problema no radica en la evidente ignorancia de Garzón sobre estos temas, sino en que desvía el debate de su foco: ¿cuáles son las estrategias del Gobierno para elevar cientos de miles de hogares por encima de ese indicador?
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